SANIDAD O SANACION INTERGENERACIONAL EN AUDIO MP3 - (Sanando el arbol genealogico - Padre Salvador Herrera Ruiz)



¿Esquemas de problemas, vicios o enfermedades REPETITIVOS? La causa puede estar en los ancestros, en nuestro árbol genealógico (abuelos, bisabuelos, etc...)

Oraciones para sanar nuestro árbol genealógico (por ejemplo: vicios, pecados sexuales y otros; desamor, perversión, locura o comportamiento anormal, heridas, falta de paz o alegría, miedos, falta de perdón, adicciones, abusos, drogas, enfermedades, violencia, muertes violentas, accidentes y cosas fuera de lo normal, etc).

Es para sanar nuestras generaciones pasadas y para sanar nuestra descendencia, ya que cuando ha habido situaciones negativas (o destructivas) en nuestros antepasados o en nosotros (o en cualquiera de los nuestros), mientras no se renuncie a eso, mientras no se Ore por sanidad, los efectos de tales cosas pasan a las siguientes generaciones, y seguirá pasando a nuestras generaciones futuras, en forma de tendencias o inclinaciones hacia esos mismos errores y pecados (aunque la responsabilidad es de quien los lleve a cabo), hasta que eso reciba sanidad y liberación, y para eso son estas Oraciones: para romper las cadenas, esquemas o patrones repetitivos, cuando se hacen las mismas cosas una, y otra, y otra vez.

Cuando Oramos por sanidad o sanación de nuestros antepasados, por sanidad intergeneracional, por nuestro árbol genealógico, ancestros, antepasados o como se les quiera llamar, se rompen las cadenas y empieza a fluir sanidad entre las generaciones (intergeneracional), ya que para Dios no hay pasado ni futuro, para Él todo es eterno presente y puede actuar, y actúa cada que se lo pedimos, porque Él es el mismo ayer, hoy y siempre (Heb 13,8), y para El todos viven, pues no es un Dios de muertos, sino de vivos.



En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

En Nombre de Jesús y por mi autoridad como cristiano, corto de las pasadas generaciones, cualquier comunicación de odio, amargura, resentimiento, falta de perdón, lujuria, envidia, glotonería, pereza, orgullo; cualquier cosa que sea negativa, cualquier cosa que no sea del Reino de Dios. Invoco a la Preciosa Sangre de Cristo que me cubra a mí y a toda mi familia; pido al Espíritu Santo en Nombre de Jesús que corte, limpie y purifique cualquier emoción negativa que haya sido transmitida desde cualquier generación pasada. Amén.

Padre Nuestro. Ave María, y Gloria.

Señor Jesús: gracias por tu presencia hoy. Se que me amas y que me has llamado por mi nombre; viniste a liberar a los cautivos ¡gracias por tu amor y tu piedad que me liberan constantemente de vínculos, y me llenan de tu Vida abundante! Yo te alabo, te bendigo, te adoro. Me pongo bajo tu protección Señor y me cubro con tu Preciosa Sangre. Pido a los Ángeles, a los Santos, a tu Madre bendita que intercedan por mí.

Padre Nuestro. Ave María, y Gloria.

Señor, me sumerjo en un perdón profundo para limpiarme de cualquier raíz de amargura o resentimiento. Centro mi Oración ahora sobre la persona que más me ha fastidiado en las últimas semanas, en el último mes, en este año, durante toda mi vida. Perdono a esa persona o a esas personas desde lo más profundo de mi corazón y bendigo a esas personas en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Absuelvo de toda culpabilidad a cada persona que me haya herido desde siempre.
Jesús, porque te amo, digo a esas personas aunque me hayan herido: “yo no te voy a herir”. Los entrego a Jesús, los perdono, los acepto, y los amo tal como son. Por un acto de voluntad, perdono a todos aquellos que me han herido desde el principio de mi vida, de este año, de este mes, de esta semana. Jesús: te pido que los bendigas.

Padre Nuestro. Ave María, y Gloria.



Señor, ahora te ruego por la persona que mas daño me ha hecho en la vida, la que es como el origen de todo mi dolor, mi sufrimiento, mi frustración. Elevo a esta persona a ti para que reciba de ti tu bendición; lo perdono y lo bendigo. Señor Jesús, te pido la gracia también de perdonarme de verdad a mi mismo por el mayor de mis pecados, por mi mayor falta de fe en mi relación contigo; me perdono por eso Señor. Tú me has perdonado y ahora recibo de ti la Gracia de perdonarme de verdad. Señor, me pongo en tu presencia y te pido también por todos aquellos que leven mi sangre, que no estén perfectamente unidos a ti. Señor, te pido perdón por sus culpas; me uno a la Oración de Daniel, cuando intercede por su pueblo y digo: “Oh Señor Dios grande y temible que guardas la alianza y el amor a los que te aman y observan tus mandamientos, nosotros hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos sido malos, nos hemos revelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus normas ¡perdón Señor, perdón por todo esto! Yahvé, a nosotros la vergüenza en el rostro porque hemos pecado contra ti. Al Señor Dios nuestro la piedad y el perdón, y ahora oh Dios escucha la Oración de tus siervos y sus súplicas ilumine tu rostro tu Santuario desolado, por ti mismo mi Señor, inclina Dios mío tu oído y escucha ¡abre tus ojos y mira nuestras ruinas! No nos apoyamos en nuestras obras justas para derramar ante ti nuestras súplicas, sino en tus grandes Misericordias. Señor, escucha, Señor perdona, Señor atiende y obra, no tardes mas, por ti mismo Dios mío pues tu Nombre se invoca sobre tu pueblo”.

Padre Nuestro. Ave María, y Gloria.

Señor, ante ti confieso que mis antepasados han podido estar mezclados en ocultismo, espiritismo, brujería, y toda forma de buscar información en fuentes ocultas. Señor, perdona. En Nombre de Jesús y con el Poder del Espíritu Santo, tomo y uso la autoridad que tú me has conferido como cristiano, como hijo de Dios, como Sacerdote, lleno del Espíritu Santo ¡rompo el poder del Mal sobre mis antepasados con esa autoridad: acabo con todas las maldiciones, brujerías, hechizos, malos deseos, vudú, magia negra, secretos hereditarios conocidos y desconocidos! Deshago todos los votos satánicos, pactos, ataduras y vínculos con fuerzas satánicas. Corto la transmisión de esos vínculos a través de mis antepasados; rompo los efectos de todos los vínculos mentales que haya habido con clarividentes, astrólogos, médiums, videntes ocultos y adivinos.

Renuncio a cualquier participación en sesiones de adivinos, cualquier actividad con las cartas del tarot u ouija, astrología y juegos ocultos de todo tipo. Renuncio a todas formas en que Satán me pueda tener cogido, agarrado, tomado, atado. Rompo con la transmisión de todas las obras satánicas que hayan pasado a través de las generaciones.
Señor, por favor, remueve de mis antepasados todos los efectos que hayan podido provocar el estar involucrados en lo oculto. Recupero cualquier territorio que haya sido entregado a Satanás por mis antepasados y lo ubico bajo el Poder de Jesucristo el Señor ¡ven Señor por favor! Crea en mi familia hombres y mujeres honestos, que estén profundamente comprometidos con tu Verdad.

Padre Nuestro. Ave María.

Gloria al Padre…… (3 veces).

Ahora ruego para que las aguas de mi Bautismo fluyan a través de todas las generaciones pasadas, a través de mi árbol genealógico. Deja que fluya la Sangre de Jesús, que limpia y da vida a través de cada generación: primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, etc., hasta los primeros tiempos.



Deja que la Sangre de Jesús fluya desde la Cruz a través de todos los padres y sus hijos hasta la duodécima generación, tocando y sanando íntegramente.
Ahora coloco la Cruz de Jesucristo entre mi persona y cada generación de mis antepasados, y rompo la transferencia de todas las fuerzas opresoras de la vida, que obran contra mí, en mi o a través de mí.

Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

En Nombre de Jesucristo rompo todos los patrones de profunda infelicidad matrimonial de mi árbol genealógico. Digo NO a toda supresión de la esposa, y a todas las expresiones de falta de amor en el matrimonio, detengo, paro todo odio, deseo de muerte, cualquier deseo o intención mala en las relaciones matrimoniales. Acabo con toda transmisión de violencia, venganza, rencor, todo comportamiento negativo, toda infidelidad y decepción, pongo fin a toda transmisión codificada que impide relaciones duraderas.

Renuncio a esquemas de tensión familiar, de divorcio, y falta de sensibilidad, en el Nombre de Jesús; acabo con todos los esquemas que estén profundamente arraigados en ese sentirse atrapado en un matrimonio infeliz y todos los sentimientos de vacío y fracaso.
Padre, perdona a mis familiares por todas las formas en que han deshonrado el Sacramento del matrimonio. Por favor has que en toda mi familia haya muchos matrimonios bien avenidos, llenos de amor, fe, fidelidad y cariño.

Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

Señor, ahora disuelvo todos los esquemas que hirieron a los niños en mi linaje. Voy contra todas las formas hirientes, los abortos, embarazos interrumpidos, perdidos, embarazos no deseados; bebés que no hayan sido bienvenidos, nacimientos concebidos fuera del matrimonio.
Renuncio a todas las formas de no valorar la vida ¡rechazo todos los hábitos de destrucción, abandono y secuestro emocional y físico de niños! Digo NO ¡NO mas a todos los tipos de partos difíciles o problemáticos y de gestaciones anormales! Señor te pido perdón por todas las formas en que mis antepasados han ocasionado daños a niños, te piso Señor Jesús que intervengas personalmente para sanar las heridas y detengas la continuidad de este modelo Satánico.
Padre, has que la gente en mi linaje respete y ame a sus hijos y que les eduquen de forma que te honren. Has que los futuros hijos de mi familia sepan lo que es ser amados profundamente.

Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

De nuevo me pongo ante ti Señor por los pecados de mis antepasados. Ahora pongo fin a todos los caminos profundamente surcados de pecado sexual. Digo NO a todas las tendencias de exhibición indecente, violación, fornicación, acoso sexual, incesto y perversión.

Renuncio a toda bestialidad, masoquismo, sadismo, ninfomanía, lujuria y prostitución en mi familia. Pongo fin a toda agresión sexual, desordenes de mi personalidad, traumas sexuales y desviación en el comportamiento. Ordeno a cada demonio que esté enganchado en estos esquemas, que se marche ahora en Nombre de Jesús. Tomo la espada del Espíritu Santo para romper esta cadena de vínculos malignos.

Padre, perdona y trae salud sexual e integridad donde había enfermedad. Padre, deja que todo mi linaje tenga una sexualidad sana, deja que cada expresión sexual sea pura y agradable a ti Señor. Te bendigo, te adoro y te alabo. Gracias por ver tu luz, tu integridad y tu bendición a través de toda esta área de mi genealogía.



Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

Con el Poder de la Sangre de Jesús, rompo todos los esquemas de enfermedad mental y locura, que puedan estar codificados en mi sistema ancestral. Rompo todo comportamiento anormal, antisocial, paranoias, esquizofrenias, patrones pasivos o agresivos, desórdenes en la personalidad y tics nerviosos. Rompo toda la inflexibilidad, perfeccionismo, patrones de comportamiento maniaco depresivo y rarezas. Interrumpo toda herida y represión de masculinidad; llevo a fin todas las formas generacionales de opresión y daño al espíritu femenino. Sello los caminos escondidos de autodestrucción que haya habido en mi historia familiar. Señor, llena estas áreas con tu perdón y tu paz.
Padre, imprime en mi linaje la salud mental y la integridad. Has que cada uno tenga la mente en Cristo. Has que broten esquemas de mente clara, equilibrio emocional y relaciones sanas. Acaba con todos los modelos profundamente oscuros de pesadez emocional y espiritual, incapaz de jugar, divertirse y expresar alegría. Te pido Jesús que entre en mi linaje un espíritu risueño y alegre, de paz. Gracias Señor Jesús.

Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

Ahora acabo con todas las clases de miedo en mi árbol genealógico. Tomo autoridad sobre todo miedo de rechazo, miedo al fracaso; digo NO a todos los miedos: al agua, a los hombres, a las alturas, a los éxitos o a los fracasos; al gentío, a las mujeres, a Dios, a la muerte, a salir del hogar; lugares cerrados, a espacios abiertos, a hablar públicamente, a ir en avión y al dolor.
Señor, deja que mi familia en todas las generaciones sepa que no hay temor en el amor. Deja que tu amor perfecto llene toda mi historia familiar, y que todo recuerdo de temor desaparezca. Te alabo y te bendigo Señor.

Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

Tomo la espada del Espíritu y corto los efectos de hábitos incorregibles. Pongo fin a todas las formas de adicción al juego, a comprar, a hablar, a la bebida, a abuso de fármacos, drogas, rompo todos los moldes de acumular y derrochar recursos y talentos. Me opongo a la mezquindad y al robo, alcoholismo, drogadicción.
Padre, perdona y libera a mi familia de los vínculos, de todos los hábitos incorregibles, por tu piedad, Gracia y generosidad.

Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

Por lo cual Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre, para que al Nombre de Jesús toda rodilla se doble en los Cielos, en la tierra, en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo, Cristo Jesús es Señor, para la Gloria de Dios Padre. Amén.

Ordeno a todas las clases de enfermedades de mi código genético, que dejen de existir. Tomo la espada del Espíritu Santo...



...y corto todos los vínculos de cualquier clase de enfermedad. Enfermedades del corazón, enfermedades de la sangre, de cáncer, de problemas digestivos y de comida, bulimia, úlceras y tendencias a formar tumores. Me opongo a todos los tipos de enfermedades de la mujer; problemas menstruales, desequilibrios hormonales, infertilidad y frigidez sexual.
Rompo el vínculo de todos los problemas sexuales masculinos, impotencia y enfermedades transmitidas. También rompo todas las enfermedades físicas, problemas de oído, inmunodeficiencias, enfermedades raras, ojos delicados, mala dentadura, pies planos. Me opongo a todo tipo de migraña, retraso mental, problemas de pulmones, artritis, enfermedades de la piel o de los huesos.

Renuncio a todas las clases de traumas físicos que hayan llegado a mí a través de las generaciones; corto esa conexión, extirpo la raíz causa de todas las enfermedades físicas y debilidades inexplicables.
Señor, libérame de los efectos de estos caminos de enfermedad gravados en mis antepasados, pon fin a su propagación. Padre, perdona a aquellos en mi familia que han elegido la enfermedad para evitar la vida, por las formas con que han afrontado las necesidades de manera insana. Has que un nuevo modelo de elegir la vida, fluya como río a través de mi genealogía. Te alabo y te bendigo Señor.

Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

Me enfrento ahora al Maligno por todo el daño hecho por estafadores, explotadores, torturadores, chantajistas, y extorsionistas en mi árbol genealógico. Cierro la puerta al daño hecho por toda clase de criminales; toda corrupción y brutalidad que haya existido a través de mi linaje. Tiene que cesar AHORA en el Nombre de Jesús. Corto todas las ligaduras de venganza, comportamiento violento y explosivo, y todo perjuicio causado con malicia.
Con el poder del Espíritu Santo pongo fin también a todas las respuestas profundamente enraizadas en el odio: odio a otros, odio a uno mismo, odio a Dios, odio racial, fanatismo religioso.
Padre, perdona, has que mi árbol genealógico esté poblado por hombres y mujeres llenos de amor. Has que de ellos brote la vida sana, y sean donantes de vida y sanadores.

Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

Ahora intercedo por todas aquellas personas en mi familia que hayan muerto en temprana edad, que no hayan sido amadas, que no hayan tenido funerales adecuados, Oraciones, y que no hayan tenido un entierro lleno de amor cristiano. También Oro por todos aquellos que han tenido muertes terroríficas, con largas agonías, muertes violentas, envenenados, muertes por balazos, fuego, explosiones, apuñalados, ahorcados, ahogados, en acciones de guerra o matados por animales.
Pongo ante ti Señor a todos mis antepasados que murieron de forma inexplicable y misteriosa, muertes por accidentes o muertes por suicidio. Has que la transmisión de tendencias a muertes horribles y fuera de lo normal, cesen AHORA. Señor, has que tu amor que sana, que es Misericordioso y que perdona, les toque con ternura, y Señor has que desde ahora solo tengan una muerte dulce y suave. Has que experimenten un tránsito cristiano de la vida a la muerte, dales un bien morir.
Padre, has que nadie en mi familia muera desde hoy, sin conocer personalmente a nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Padre Nuestro. Ave María. Gloria.




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ENFERMEDADES FISICAS Y ESPIRITUALES: ...Y QUEDARE SANO EN AUDIO MP3 (Padre Moisés Lárraga)




Condiciones que aceleran la curación...




El amor, el perdón, la justicia, la Gracia, y María.




1) El perdón junto al perdón divino.


Jesús es el Mensajero de la Paz, el Príncipe de la Paz. En la persona de Jesús no cabe el odio, el resentimiento, la envidia, la guerra. El vino a este mundo a enseñarnos a los hombres el perdón, y vino a enseñarnos que todos somos hijos del Padre Celestial, que es Padre de todos y nos ama a todos sus hijos sin preferencia alguna. Por eso el libro de los Proverbios nos dice: “la prudencia del hombre domina su ira y su gloria es pasar sobre una ofensa (Prov. 19,11)”. Por eso nosotros nos comprometemos en la Oración del Padre nuestro cuando decimos: “así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden (Mt. 6,12)” nuestra boca está siendo la propia medida del perdón que deseamos obtener de nuestro Padre Dios.

Perdón significa arrancar de raíz el odio, el resentimiento que son como llagas hediondas y podridas que están ahí escondidas dentro del corazón ocupando espacio. Muchísimas veces decimos que hemos perdonado e incluso olvidado, y nuestras confesiones se vuelven tan rutinarias que cuando no hay un total perdón, son como esas paredes viejas, húmedas y agrietadas, que les damos “manita de gato” con la brocha pero que solo dura un tiempo corto bonita, pues la humedad la vuelve a manchar y la grieta se vuelve a asomar. En Hechos 7,59 nos dice: “mientras le apedreaban Esteban hacía esta invocación: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Después dobló las rodillas y dijo: Señor, no les tengas en cuenta este pecado; y diciendo esto se durmió”.

Purificarse delante de Dios es justificar al que nos ofende, justificar al que nos ha hecho llorar, a aquél que nos ha humillado, lastimado, pisoteado…¡Padre, perdónales porque no saben lo que hacen!

Cuantas veces nuestra Oración se queda perdida o suspendida en el aire porque olvidamos muy cotidianamente que a la persona que le guardamos odio, resentimiento o envidia, es también hijo de Dios. Ese Dios bueno y clemente que hace salir el sol sobre buenos y malos, y que claramente nos lo dice en la boca de Jesús: “ámense los unos a los otros, como yo los he amado”. “Si pues al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo que reprocharte, deja tu ofrenda ahí delante del altar, y vete primero a reconciliar con tu hermano, y luego vuelves y presentas tu ofrenda (Mt 23)” . A Dios no le agradan nuestras ofrendas cuando tenemos el corazón ocupado con el odio, con la envidia y el resentimiento. Parecemos mentirosos delante de Dios cuando le estamos pidiendo que nos perdone, que nos libere o que nos sane, cuando nosotros somos quien con nuestra actitud detenemos la sanidad.

“No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados, perdonad y seréis perdonados (Lc. 6,37)”. A veces nos volvemos demasiado exigentes con nuestros semejantes, exigimos más de lo que nosotros somos capaces de dar; exigimos perfección y nosotros no somos perfectos, pedimos perdón y no somos capaces de perdonar, hablamos del amor y no sabemos amar.

“Cuidaos de vosotros mismos; si tu hermano peca repréndele, y si se arrepiente perdónale, y si peca contra ti 7 veces al día y 7 se vuelve hacia ti diciendo *me arrepiento*, le perdonarás (Lc 17,3)”.

Guardar rencor es como guardar la madre del vinagre que fermenta el agua, poco a poco irá ese rencor fermentando y aquel rencor se convertirá en una gran enfermedad del alma, que aflorará al cuerpo con otra enfermedad. “No te vengarás ni guardarás rencor contra tus hijos, amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lev 19,18)”. Dios nos exige perdonar para poder creernos que lo amamos, no podemos decirle a Dios que lo amamos y estar odiando al hermano, se nos olvida lo que siente el Padre Dios.
Lucas 6,27 y Mateo 5, 38-48: El nos enseña a perdonar no solo una vez, no dos, sino 70 veces 7 (Mateo 18,21).

Jesús defiende al pecador arrepentido, y por encima de todo y cualquier obstáculo le da Su perdón. Te invito hermano a perdonar ¡te invito a sanar! te invito también a pedir perdón y a reconocer tus errores. Se que si tu haces esto, al final de este librito habrás comenzado un nuevo camino de sanidad, que ni la ciencia con todo su esplendor ha podido lograr.

Examina tu interior y trae a tu memoria a aquellos que te hicieron el mal, toma entre tus manos un Crucifijo y di la siguiente Oración de perdón: “Oh Señor Jesús, hoy quiero poder perdonar con tu ayuda y con el Poder de tu Sangre. Señor Jesús permíteme ir lavándome cada grieta de mi alma con tu Preciosa Sangre; permíteme la Luz del Espíritu Santo, para que pueda alumbrar las áreas oscuras de mi pasado.
Quizá ahí en un rinconcito esté un gran resentimiento, un grano podrido causado por el odio, el pecado y la falta de amor, y dolor. Quizá mi Jesús no he perdonado porque no soy consciente de ese resentimiento. Ese resentimiento que tal vez lo tenga hacia mi madre, y desde que estaba en su vientre, o hacia mi padre, o a mis hermanos o familiares...




...o a personas que han estado junto de mi. Jesús, tu puedes ser mi Maestro, tu puedes ser mi amigo. Jesús ¡ten piedad de mí! ¡Libérame como liberaste a María Magdalena de aquellos 7 pecados! ¡Jesús libérame y sálvame! ¡Ten piedad de mí y permíteme liberarme cada mañana y cada día al acostarme de cualquier resentimiento! Permíteme decir todos los días con el corazón *perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden* ¡Gracias Señor Jesús!”



2) El amor.


Una exigencia primordial en el proceso de sanidad es el amor. En el enfermo el amor es como un bálsamo que alivia, un bálsamo que da tranquilidad, la paz, la luz al espíritu. Amar significa ponernos los anteojos de Jesucristo. El que nos ha amado tanto tanto que dio su vida por nosotros.
El amor es un mandato, no una forma de sentir. El amor es una decisión; optar por vivir de frente al Padre, optar por imitar los sentimientos de Cristo, y este es un mandamiento: que amemos en Nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos unos a los otros tal como nos lo mandó (1ª Jn 3,23).

Amar a Dios significa manifestarle nuestro amor en el prójimo, pues cuando nosotros ofendemos o lastimamos al prójimo, es a Dios mismo a quien lastimamos y ofendemos. “Quien se burla de un pobre, ultraja a su Hacedor; quien se ríe de la Gracia, no quedará impune (Prov 17,5)”
El Apóstol San Juan muy claramente nos exhorta a ser coherentes en nuestra actitud hacia Dios y hacia el prójimo, “si alguno dice amo a Dios y aborrece a su prójimo, es un mentiroso, pues quien no ama a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve (1ª Jn 4,20)“.

En la Sagrada Escritura Dios nos recomienda elegir el amor que los bienes: “mas vale un plato de legumbres con cariño, que un buey cebado con odio (Prov. 15,17)”, así que es preferible amar a Dios y al prójimo, que mil promesas, mandas y veladoras. Mas vale el amor que las riquezas, pues “si nos falta el amor no nos sirve de nada aunque hablara las lenguas de los Ángeles y de los Santos, si yo no tengo amor nada soy (1ª Cor 13)”.
Dios señala el amor como el ayuno que a El le agrada. “Los sacrificios no te satisfacen, si te ofreciera el holocausto tu no lo querrías (Sal 51)”. El amor al prójimo hace que brote del corazón la luz de Dios, y la sanidad de nuestras heridas interiores y exteriores.

El perdón va unido al amor. En Isaías 58,8 la Palabra de Dios nos dice: “entonces brotará la luz como la aurora y tu herida se curará rápidamente. Te precederá la justicia, la Gloria de Yahvé te seguirá. Entonces clamarás y Yahvé te responderá, pedirás socorro y te dirá *aquí estoy*. Resplandecerá en las tinieblas tu luz y lo obscuro de ti será como mediodía. Te guará Yahvé de continuo y hartará en las sequedades tu alma”.
Este texto nos permite comprender la importancia del amor; cómo Dios se manifiesta en aquellos que obedecen sus mandatos. Así que hermanos, ahí tienen una tarea importante en la vida para seguir caminando hacia la sanidad definitiva.

Toma la imagen de Cristo Crucificado y dile: “Señor Jesús, estoy en tu presencia para solicitarte como la samaritana *Señor dame de esa agua que tu tienes*, Señor sana las heridas del desamor que hay en mi corazón. Pongo Señor Jesús en la llaga de tu divino costado todos mis egoísmos, lava Señor con el agua de tu costado mis resentimientos y odios. Señor Jesús enséñame a amar en el prójimo; Señor Jesús quiero imitar tu corazón: tu Corazón Misericordioso, y quiero a través de esta sencilla Oración pedirte que me des el Don del amor. Enséñame a perdonar y a pedir perdón; enséñame Jesús a morir a mis egoísmos como tú ¡enséñame Jesús a justificar!”




3) La Justicia.


En la Sagrada Escritura la justicia para Job comienza en el amor al prójimo, y el primer mandamiento nos dice: “amarás al Señor tu Dios con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas y a tu prójimo como a ti mismo”. Así que la justicia también debe comenzar en nosotros mismos; una persona que habla de amor y que le dice a otra que la ama y no piensa en Dios, no es digna de Dios.
Cuando ha dudado o tiene tanto tiempo sin recibir la Gracia del Sacramento del Perdón, o del Sacramento de la Eucaristía, o que vive amancebada o en la situación de pecado establecido, sin importarle que esa misma noche vaya a morir, esa persona es una persona injusta, ya que ignora totalmente los bienes de su Padre Celestial y prefiere vivir comiéndose las bellotas de los cerdos, que disfrutar de los manjares exquisitos que hay en la Casa Paterna Celeste.

Cómo puede una persona hablar de justicia si no es justa consigo misma; cómo puede exigir justicia si no conoce ni vive la justicia. Así que es necesario que dejemos de ser injustos con nosotros mismos. Es entonces que desde el centro del corazón del hombre brillará el deseo de hacer el bien, de dar a cada quien lo que justamente le toca: “no hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti”.
Así que “la justicia comienza en guardar y poner cabalmente en práctica todos estos mandamientos ante Yahvé nuestro Dios, como El nos lo ha prescrito (Dt 6,25)”.



La justicia es fuente de vida, es fuente de sanidad y es fuente inagotable de amor. La persona justa es reconocida y estimada, y por su justicia brillará delante de Dios y de los hombres; se le reconoce por su don de sabiduría y prudencia, se le reconoce por su poco hablar, pues vigila hasta de no robarle el tempo a las personas, y hasta de no perder el tiempo en conversaciones y cosas inútiles y vanas.
“Quien va tras la justicia hallará vida y honor (Prov. 21,21)”. Al justo Dios lo recompensa con gran abundancia; el justo participa de la heredad de Dios y es reconocido entre los hombres de la tierra como una persona santa y buena. Se vuelve un canal maravilloso del amor de Dios; participan de la saciedad delante de Dios.

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque de ellos será la saciedad de Dios (Mt. 5,6)”. Dios ama la justicia, por eso en su Palabra dice: “el justo florecerá”. Sabemos también que Dios por su Justicia –Justicia que ejerce con equidad- juzgará a las Naciones, pues en la justicia es lo que un pueblo encuentra su elevación. Dios reprende la mentira, la explotación, el robo, la calumnia, el soborno, la pérdida de tiempo, los negocios sucios, la prostitución, la ambición, el chantaje. “Maldito aquel que acepta soborno para quitar la vida a un inocente (Dt 27,25)”. Ora conmigo así de esta manera: “Oh Dios de amor y perdón, oh Dios de infinita bondad, hoy vengo junto a tu altar a implorarte perdón. Mas hoy quiero pedirle a tu Corazón ardiente que con ese calor inflame mi corazón de hielo; mas si quisiera fallarte y en el pobre insultarte, no permitas Señor que por mi vanidad se aleje de mi tu celestial manjar”.




4) La Gracia.


Es tan difícil conservar la Gracia cuando nos movemos en un ambiente apático a Dios nuestro Señor. Es tan difícil conservar la Gracia cuando nuestro espíritu se alimenta de todo aquello ligero que el mundo ofrece: la lujuria, la televisión con sus programas deshonestos, la pornografía, la moda desordenada, la música irreverente; las guerras, el hambre, los vicios.

Parecería que todo todo está fríamente calculado para que el hombre no se alimente de los bienes de Dios. Hoy en día el demonio sigue vistiéndose de luz y engaña ferozmente al pueblo de Dios; a sus consagrados, a sus religiosas y religiosos. A los laicos comprometidos, a los líderes eclesiales y consejos parroquiales; nos engaña dándonos una conciencia laxa, una conciencia justificadora y manipuladora de la Palabra de Dios; a todo le damos disculpa y salida cuando se trata de disculpar el mal en nosotros mismos, pero cuando se trata de ver el mal en los demás somos demasiado críticos ¡despiadadamente críticos!, tenemos ojos muy severos y sentenciadores para el hermano, pero pocas veces nos fijamos en lo bueno de los demás.

A mi a veces me causa demasiada extrañeza cuando alguien me comenta que tal o cual personaje que se cree importante, se escandalizó por alguna palabra o acto que yo realicé sin afán de ofender o lastimar. Pero fue uno entre mil buenos, no se fijó en ninguno de los buenos, no, solo tuvo mirada para uno que él juzgó mal. Por ejemplo: en un numeroso retiro en un lugar por ahí, yo la noche anterior estuve muy mal, casi no dormí; era muchísima la gente y a la hora del paseo con el Santísimo, entre esa gran multitud que llena de ansiedad emocionada al paso de su Señor y un calor sofocante, y al ir cargando yo la Custodia de bastante peso por espacio de 2 horas, yo sentí en un momento que me tambaleaba, era demasiado el calor y sentí que casi me caía, se caía también mi Señor de mis manos.

En un acto de amor a mi Jesús no quise que se cayera ni que lo tocaran mas, me lo subí y apoye en el pecho y enseguida por un momento lo apoyé en mis hombros para que no lo tocaran, pues sentí que era la parte más fuerte donde el Señor se sostendría con seguridad. Ahí estaban los ojos críticos y sentenciadores; ahí estaban para ver, según ellos, una irreverencia y no un acto de amor. Ahí estaban para ver un Sacrilegio y no una debilidad humana ¡no vio el peso de la Custodia de 40 kilos!, no vio ni sintió el calor; no vio el cojo que caminó ni el ciego que vio ni al canceroso que sanó ¡no, no los vio!, le faltó la Gracia, le faltó la Gracia Santificante para contemplar el acto de amor y la entrega y la fidelidad ¡no, no vio nada de eso! ¡Sino que sólo que subí el Santísimo a mis hombros y eso era una irreverencia y eso bastaba para condenar!

San Pedro nos dice en una de sus cartas: “Velad y vigilad porque el demonio anda como león rugiente buscando a quien devorar”. Conservar y cuidar la Gracia requiere de estar tomado continuamente de la mano de Jesús; requiere de reverencias, requiere de alimentarse del Cuerpo de Cristo diariamente, si es posible, de confesarse continuamente, como mínimo cada mes. Conservar la Gracia es igual que estar enamorado; es el enamorado que vigila, que cuida hasta los mínimos detalles de amor para que su enamorado, Cristo, siempre esté contento. La Gracia es un canal de luz hacia la Santidad y hacia la sanidad. Es facilitarle a Jesús el camino para que actúe, pues hay que recordar de tan conocida frase de San Agustín: “El que te creó sin ti, no te salvará sin ti”,



y aquel hermoso soneto: “No me mueve mi Dios para quererte, el Cielo que me tienes prometido, ni me mueve el Infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Muéveme tu Señor, muéveme al verte clavado en esa Cruz y encarnecido ¡que aunque no hubiera Cielo yo te amara, y aunque no hubiera Infierno te temiera, pues lo mismo que te quiero te quisiera!”




5) María Santísima.


Nosotros por nuestra conducta de pecadores, nuestra condición de pecadores, nos entorpecemos de la mente en el momento de Orar. Necesitamos mucho la presencia del Espíritu Santo para que nos ayude a pedir como conviene. Obtener esa experiencia en plenitud es muy difícil si no hay esa entrega total al Señor. Y quien mas entregado con esa totalidad plena que la Santísima Virgen María; ella, la llena de Gracia, la creatura mas amada del Padre. Ella que llevó en sus entrañas purísimas a Jesús el Hijo de Dios. Jesús a la Santísima Virgen no le niega nada, es por eso que nosotros debemos de acudir continuamente a nuestra Madre Santísima, para que ella pida por nosotros como conviene, para que ella Interceda por nosotros.

La Santísima Virgen por ser la Madre del Verbo encarnado, tiene también el Poder que su hijo y el Padre le han otorgado, y ella también nos bendice y nos concede numerosos favores de los grandes tesoros que del Cielo ha recibido y Dios le ha concedido a ella. Ella por ser la primera y única creatura digna y Purísima, encuentra Gracia plena delante del Trono Celestial y de su hijo Jesús. Nuestra Oración no sería completa ni escuchada tan eficazmente, como cuando ella intercede y pide por nosotros.

El rezo del Santo Rosario con el corazón diariamente, es la palanca más fuerte en los labios del enfermo, y de los familiares del enfermo para obtener la intercesión de la Santísima Virgen María. La Virgen María es la enfermera especializada en el pueblo de Dios. De su corazón misericordioso al igual que del Corazón de Jesús Misericordioso, brotan rayos de luz que iluminan al pecador, rayos de luz que calman el dolor, la tristeza y la soledad.

Hay un dicho muy popular que si lo analizamos es muy cierto: “el que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”, y que mejor sombra que la Madre del Altísimo, que mejor sombra que la Santísima Virgen María. El Poder de la Intercesión es único en ella. “Dice su madre a los sirvientes: *haced lo que el os diga*“. Ella logró con su intercesión el favor de Cristo.

Hay almas piadosas que se preocupan si están progresando en la virtud o si están estancadas, o mas bien si han retrocedido lamentando tiempos pasados de mayor fervor. Hay un termómetro para reconocer el grado de fervor, por tanto, si el alma va progresando o no en el camino de la perfección: ese termómetro es la devoción a María. No pretendo que toda la vida espiritual consista en la devoción a la Santísima Virgen María, solo se trata de un indicio, así como no consiste la vida en el pulso pero si sirve para conocer sí se ha extinguido o perdura todavía, pero esta devoción debe de ser sólida, es decir, fundada en la doctrina de la Iglesia; genuina y práctica. Es decir, que no consista sólo en idealismos sino en la práctica de la vida cristiana.

Devoción viene de la palabra latina “devotio” que significa consagración, dedicación, entrega, al servicio de Dios. En el lenguaje cristiano este lenguaje consiste desde luego en el cumplimiento de sus mandatos: “el que me ama cumplirá mis preceptos” dice la Palabra de Dios; en rendirle el culto debido, todo lo cual no debe hacer sino el amor de Dios.

Como se ve, la devoción más que en actos consiste en una disposición habitual; se refiere fundamentalmente a Dios, pero guardada la debida proporción se aplica también a María, su devoción consiste en la Consagración a María, entregándole todo lo que somos y todo lo que hacemos para pertenecer de una manera mas perfecta a su Hijo divino. Es entregarnos y dedicarnos a su servicio, que consiste en obedecer la orden que nos dio: *hagan lo que le les dice*, y todo esto debe ser una manifestación salida del amor y devoción a la Santísima Virgen María. Todo esto es una manifestación de amor y amistad con la Santísima Virgen, y la amistad requiere de una semejanza entre amigos, así que también tenemos que ejercer la caridad, a ejemplo de nuestra Madre y amiga.

Tenemos que esforzarnos en imitar a la Santísima Virgen en sus virtudes, y aunque María fue perfeccionista en todo y llena de virtudes, hay tres, sin embargo, que sus devotos deben esforzarse en adquirir:

a) una humildad profunda
b) una fuerza luminosa
c) una dulzura exquisita

Concluyamos esta sencilla reflexión de la Santísima Virgen María con este pensamiento: “¿Quién ha exaltado más a Jesús? Ella, la Inmaculada María; la nueva Eva; la bellísima Mujer vestida del Sol. Ella la que tiene la luna bajo sus pies y en la cabeza una corona de doce estrellas (Ap 12,1. 10,6)”.
Ella ha sido colocada por encima de todas las cosas ¡La Reina del Cielo, que está siempre en la Presencia del Trono de Dios Altísimo!
Acudamos a ella con un amor auténtico y con una devoción auténtica. Que nuestro amor a ella nos lleve siempre a procurar honrar y obedecer a su hijo Jesucristo, el Señor de señores. Ella es nuestra Madre; ella, ella es la Señora, la Señora Bonita, la Reina del Cielo, nuestra protectora y defensora, ¡la Inmaculada, nuestra amiga!

Ora continuamente a ella así: “Acuérdate ho piadosísima Virgen María que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamado tu socorro, haya sido abandonado por ti.
Animado con esta confianza a ti también acudo ¡oh Virgen de las vírgenes!, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a presentarme ante tu presencia soberana. No desprecias mis súplicas, oh Santa Madre de Dios, antes bien óyelas y atiéndelas benignamente. Amén”.





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