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ORACIONES POR CURACION FISICA Y SANIDAD INTERIOR EN AUDIO MP3 (Padre Moisés Lárraga)



Poderosa -y muy completa- Oración Carismática suplicando por CURACION FISICA Y SANIDAD INTERIOR, dirigida por el Padre Moisés Lárraga Medellín, acompañado del Ministerio de Música NACE, con Oracion en Lenguas, muy eficaz para EXORCISAR, LIBERAR, y romper todo tipo de ataduras y ataques del Enemigo; así como para rogar por la Sanación de cualquier enfermedad física y/o espiritual.


Si en casa tienes a alguien que no acepta las cosas de Dios y quieres que Dios obre en él, ponle este audio -algunos días- para que lo escuche mientras duerme.




Señor Dios, Jesús: te adoramos por los que no te adoran, esperamos por los que no esperan, pedimos perdón por los que no piden perdón.

BENDICION DE LOS CIRIOS Y VELAS:


Te recibimos Señor Jesús pidiéndote que bendigas estos cirios.
Señor Dios tu Palabra santifica todas las cosas. Por esta Palabra tuya y por el amor a tu Hijo tan amado, te pedimos que bendigas estas luces para que sean signo de tu presencia en esta alabanza de liberación, y cada vez que las encendamos en nuestras casas recibamos de ti tu protección, ayuda y amparo.




ORACION DE LIBERACION Y SANIDAD INTERIOR:


Ven Espíritu Santo ¡ven a iluminar nuestros corazones!, danos un rayo de luz para iluminar todo nuestro interior. Bendito sea el Señor ¡Santo eres Señor! ¡Gloria, gloria a tu Nombre!

( + Nos santiguamos) En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Invoco a todos los Ángeles y a los Santos. Me dirijo a ti bendita Virgen María Madre Santísima, Reina de toda la Creación: te pido tu bendición, tu protección y tu intercesión. Invoco la protección y ayuda de San Miguel Arcángel, líder de los ejércitos celestiales; de todos los Arcángeles y Ángeles. Me uno a la alabanza, adoración y gloria dada a nuestro Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Invoco en el Nombre de Jesús la bendición, protección y ayuda de todos los Patriarcas; los discípulos de Jesús, los Confesores, las vírgenes y los mártires; los Apóstoles, y de todos los Santos que han existido y que existen.

En el Nombre de Jesús entro en comunión con la Santa Iglesia de Cristo aquí presente, y la Santa Iglesia de Cristo Universal. Ratifico mi fe en el Santo Nombre de Jesús y en su Preciosa Sangre.
En el Nombre de Jesús renuncio al pecado, renuncio a Satanás y sus trabajos de maldad; me entrego totalmente a Jesucristo para la gloria de Dios.

Dios Padre Creador de los Cielos y de la Tierra, de todo lo visible y lo invisible ¡Padre amadísimo!, en unión con la Virgen María, los Ángeles y los Santos, te hablo humildemente en el Nombre de Jesús. Te exalto y te magnifico por tu Grandeza inigualable, te alabo por todas tus perfecciones y atributos; te adoro y te doy gracias por el regalo de mi vida y por permitirme estar en tu Santa Presencia ¡Padre amado! tu conoces mi intención, sabes que somos oprimidos por aquellos espíritus rebeldes que nos incitan al pecado y que nos hacen estar lejos de ti. Señor yo he pecado por mi propio deseo y te confieso mi culpa, por favor borra las huellas de mi pecado y acepta mi Oración en el Nombre glorioso de Jesús.

Señor Dios Todopoderoso: en el Nombre de Jesús te pido mi liberación y la liberación de todos los que sienten la influencia del Maligno en sus vidas, en el Santo Nombre de Jesús ¡cúbreme con tu Preciosa Sangre!, y libera a todos estos que están aquí.

Señor Dios, Supremo Rey del Universo, Padre de todos los espíritus, te alabo y te doy gracias por haberme enseñado la grandeza del Santo Nombre de Jesús. Me arrodillo en unión de toda rodilla en el Cielo y en la Tierra y debajo de la Tierra, y confieso con toda lengua que Jesús es el Señor, para la Gloria de Dios Omnipotente. Padre amado, te exalto y te alabo por tu generosidad, te exalto con la raza humana por aceptar el Sacrificio de tu amadísimo Hijo nuestro Señor Jesucristo, en reparación de todos nuestros pecados; por permitir que la Preciosa Sangre de Cristo lave nuestras almas y nos purifique de nuevo en tu Santa Imagen ¡Bendito seas Dios Padre Misericordioso! que nos has enviado a tu Hijo para que a través de su Preciosa Sangre podamos ser salvados del pecado y liberados de nuestro Enemigo el Demonio.

¡Padre amado! con el Poder del Santo Nombre de Jesús y de su Preciosa Sangre, libérame Señor de todo espíritu maligno que tenga influencia sobre mi ¡desátame Señor de las cadenas que me unen a la maldad!, y libera a todos estos hombres y mujeres que están aquí escuchando. Dios Padre Todopoderoso, en el Nombre de Jesús te pido que ganes esta batalla; tengo fe en tu Poder, alabo tu Majestad ¡exalto tu autoridad sobre el Enemigo!, confío totalmente en que tu estás haciendo este trabajo para mi salvación y la salvación de aquellos por quienes estoy rezando. Libera Señor, suspende para siempre la opresión del Enemigo ¡establece tu dominio! ¡Ahuyenta con tu Preciosa Sangre a todos tus Enemigos! ¡Revela tu Gloria Cristo!, tu has vencido al Demonio en la Cruz ¡saca al Enemigo fuera de nuestras vidas para tu honor y para tu Gloria en el Santo Nombre de Jesús! ¡Cúbrenos con tu Preciosa Sangre y libera este pueblo que está escuchando esta Oración!

Señor Jesús, me arrepiento de todos los pecados que he cometido a lo largo de mi vida, y te pido, Señor ¡perdón!; pasa por toda mi vida desde el momento de mi concepción; pasa por la vida de todos estos: sánales del amor que pudo haberles faltado ¡llénalos de tu amor! bendice a sus padres antes de su nacimiento, borra cualquier lujuria que haya habido en ellos ¡purifícalos con tu Preciosa Sangre ho Dios Omnipotente que lo puedes todo!, bendice mi vida y bendice la vida de ellos desde sus comienzos ¡bendice mi niñez y bendice su niñez!, bendice nuestra juventud. A lo largo de nuestra vida hazte presente con autoridad para liberarnos de cualquier influencia diabólica que haya perturbado o que aún esté presente en nuestras vidas ¡limpia nuestras almas para que queden limpias y blancas como la nieve!

Señor Jesús: libérame de cualquier resentimiento que lleve en mi corazón y libera a éstos que están aquí, de cualquier resentimiento contra cualquier persona; contra su familia, con cualquier persona que haya conocido a lo largo de su vida.



¡Libéralos en el Santo Nombre de Jesús y cúbrelos con tu Preciosa Sangre!

Sáname Señor y sánalos a ellos de cualquier resentimiento que lleven en contra tuya por habernos sentido ofendidos con nuestro destino, el cual es tu Santa Voluntad. En tu Santo Nombre cúbrenos con tu Preciosa Sangre ¡Señor Jesús, vengo humildemente ante tu Cuerpo Crucificado y ante esta Hostia Consagrada!, ahí en esa Cruz donde tu recibiste todas las consecuencias de nuestro pecado, nuestras enfermedades, nuestras debilidades y la muerte. Señor Jesús en tu Santo Nombre humildemente imploro tu Misericordia, y te pido por los méritos de tu Pasión, agonía y muerte; por los méritos de las penas del Inmaculado Corazón de María, que sanes, que me sanes y no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia. Señor Jesús, tu eres el mismo ayer, hoy y siempre; en tu Santo Nombre glorioso te pido que pases tu mano santa, sanando sus dolencias y ungiéndolos con tu Espíritu. Tu conoces sus problemas, sáname Señor y sana a todos estos que están escuchando mi Oración.

Señor Jesús, tu eres el Dios que nos sana: hoy me despojo de mis enfermedades y los despojo de sus enfermedades en tu Santo Nombre y te (las) entrego a ti en tu Santo Nombre para que dispongas de acuerdo a tu Misericordia.

No sea mi voluntad sino la tuya; has tu trabajo Señor para la Gloria del Santo Nombre de Jesús ¡sáname Señor Jesús por el Poder de tu Nombre! ¡Sánanos Señor Jesús por los méritos de tus Santas Heridas! ¡Sánanos Señor por los méritos de tu Preciosa Sangre! ¡Derrama sobre este pueblo el Poder de tu Sangre!

Señor yo no soy digno que entres a mi, pero una palabra tuya bastará para sanar mi alma. Pongo toda mi confianza en ti porque tú tienes el Poder de sanarme, porque eres nuestro Dios Misericordioso con caridad inigualable, porque me amas y has traído tu salvación a mi casa. Gracias Señor por tu Santo Nombre.

Señor Jesús, lávame con el hisopo y quedaré limpio. ¡Virgen María por tu intercesión gracias! Padre, Hijo y Espíritu Santo. Rocíame Señor con el hisopo y quedaré limpio, lávame y quedaré mas blanco que la nieve.



ASPERSION DE AGUA BENDITA O EXORCISADA (el Padre lo iba cantando mientras rociaba el agua, por eso algunas partes están repetidas):


Que esta agua bendita Señor purifique a tu pueblo, santifique a tu pueblo, libere a tu pueblo.

“Misericordia Dios mío por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa, lava del todo mi delito y limpia mi pecado, pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado, contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces. En la sentencia tendrás razón, en el juicio brillará tu rectitud, mira que en la culpa nací, pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero, y en mi interior me inculcas sabiduría; rocíame con el hisopo y quedaré limpio, lávame y quedaré mas blanco que la nieve. Por tu inmensa compasión borra mi culpa, lava mi delito, limpia mi pecado, yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado. Contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces. En la sentencia tendrás razón, en el juicio brillará tu rectitud, mira que en la culpa nací, pecador me concibió mi madre.

Los sacrificios no te satisfacen, si te ofreciera un holocausto tu no lo querrías, tu lo que quieres es un corazón contrito y humillado. A un corazón quebrantado Señor tú nunca lo desprecias. Por tu inmensa compasión borra mi culpa, lava mi delito, limpia mi pecado, pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado. Rocíame con el hisopo y quedaré limpio, lávame y quedaré mas blanco que la nieve.”

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí, su Nombre es Santo, su Misericordia llega a sus fieles de generación en generación. El hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón; derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes, a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel su siervo acordándose de su Misericordia, como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abraham y su descendencia.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.



ORACIONES CONTRA EL MALEFICIO (del ritual griego):

Señor oh Soberano de los siglos Omnipotente y Todopoderoso; tú que lo has hecho todo y que lo transformas todo con tu Santa Voluntad; tú que en Babilonia transformaste en rocío la llama del horno 7 veces más ardiente, y que protegiste y salvaste a tus 3 niños Santos; tú que eres doctor y médico de nuestras almas. Tu que eres la salvación de aquellos que se dirigen a ti, te pido y te invocamos ¡has vana, expulsa, y pon en fuga a toda potencia diabólica!; toda presencia y maquinación Satánica, toda influencia maligna y todo maleficio o mal de ojo de personas maléficas y malvadas, realizados sobre tu siervo y sobre estos siervos tuyos. Has que en cambio de la envidia y el maleficio, obtengan abundancia de bienes, fuerza, éxito y caridad. Tu Señor que amas a los hombres, extiende tu mano poderosa y tus brazos altísimos y potentes y ¡ven a socorrer y a visitar estas pobres imágenes tuyas, mandando sobre ellas el Ángel de la Paz!, fuerte y protector de sus almas y de sus cuerpos, que mantendrá alejado y expulsará cualquier fuerza malvada; todo envenenamiento y hechicería de personas corruptas y envidiosas, de modo que debajo de ti, tu suplicante protegido siervo te cante con gratitud: “El Señor es mi salvador y no tendré temor de lo que pueda hacerme el hombre. No tendré temor del mal porque tú estás conmigo. Tu eres mi Dios, mi fuerza, mi Poderoso Señor”.

Señor de la Paz, Padre de los siglos futuros, si Señor Dios nuestro ¡ten compasión de tu Imagen y salva a tu siervo de todo daño! ¡Salva a este pueblo de toda amenaza procedente del maleficio y protégelo!, protégelo por encima de todo mal, por la intercesión de la más que bendita y gloriosa Señora, la Madre de Dios y Siempre Virgen María; de los resplandecientes Arcángeles y de todos tus Santos.



ORACION CONTRA TODO MAL:

Espíritu del Señor ¡Espíritu de Dios! Padre, Hijo y Espíritu Santo, Santísima Trinidad Inmaculada; Ángeles, Arcángeles y Santos del Paraíso, descended sobre mi y sobre este pueblo. Fúndeme Señor, modélame, lléname de ti y utilízame. Dame fuerza y poder para poder expulsar de toda persona la fuerza del Mal. Cubre a tu siervo con el Poder del Altísimo para que pueda liberar a este pueblo.

Expulsa de mí todas las fuerzas del mal, aniquílalas, destrúyelas, para que yo pueda estar bien y hacer el bien. Revísteme con la armadura de la fe, lléname con la fuerza de tu Espíritu, lléname con el fuego de tu amor para que pueda liberar a estos hijos tuyos. Expulsa de ellos y de mi los maleficios, las brujerías, la magia negra, las misas negras, los hechizos, las ataduras, las maldiciones y el mal de ojo; la infestación diabólica, la posesión diabólica y la obsesión y perfidia; todo lo que es mal, pecado...



...la envidia y los celos; la enfermedad física, psíquica, moral, espiritual y diabólica.

Quema todos estos males en el infierno, para que nunca más me toquen a mí ni a ninguno de estos que están aquí.
Ordeno y mando con la fuerza de Dios omnipotente, en el Nombre de Jesucristo el Salvador, y por la intercesión de la Virgen Inmaculada, a todos los espíritus inmundos, a todas las presencias que me molestan y que los molestan, que nos abandonen inmediatamente, que abandones a todos los que están aquí definitivamente y que se vayan al infierno eterno, encadenados por San Miguel Arcángel, por San Gabriel, por San Rafael, por nuestros ángeles custodios, aplastados bajo el talón de la Virgen Santísima Inmaculada. Yo se los ordeno en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

(Se ponen de pie y uds. con sus propias palabras expulsan los demonios que creen que los atacan: del alcoholismo, de la pornografía –expúlsalos diciendo- aléjate de aquí en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo)

San Miguel Arcángel se haga presente en medio de esta asamblea, que descienda envuelto en esa llama de fuego ¡que ate y amordace a todos los espíritus malignos, que estén perturbándonos en nuestra familia, en nuestra casa, en nuestra salud, en nuestro trabajo! ¡Salgan de aquí, yo se los ordeno en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo!



PLEGARIA DE LIBERACION:

Señor Jesús, tú has venido a curar los corazones heridos y atribulados, te ruego que liberes a estos hijos tuyos:

De la angustia, la tristeza y las obsesiones, ¡Líbranos Señor!
Del odio, la fornicación y la envidia ¡Líbranos Señor!
de la pornografía, la lujuria y el adulterio ¡Líbranos Señor!
de la miseria, del hambre y de la peste ¡Líbranos Señor!
de todo desorden de sexualidad ¡Líbranos Señor!
de la homosexualidad ¡Líbranos Señor!
del orgullo, la soberbia y la mentira ¡Líbranos Señor!
del aborto ¡Líbranos Señor!
del resentimiento ¡Líbranos Señor!
de la tristeza ¡Líbranos Señor!
de la depresión ¡Líbranos Señor!

Señor Dios Espíritu Santo, Espíritu de Dios, el Padre y el Hijo; amor del Padre y amor del Hijo divino que sostiene el Universo. Dios Todopoderoso y Omnipotente que llenas la Creación con tu Santa Presencia, escúchame en el Nombre de Dios, del Padre y del Hijo, y bendíceme con tu amor. El Santo Nombre de Jesús cubra esta asamblea en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

¡Señor Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, en compañía de la Virgen María, de los Ángeles y de los Santos te bendigo y te alabo, te doy gracias y te glorifico porque hoy me has liberado!

(Alabanza al Señor)

Aléjate de aquí Satanás ¡trágate tu propio veneno!, yo te lo ordeno, en el Nombre de las Llagas de mi Señor Jesucristo y del Inmaculado Corazón de María, porque al Nombre de Jesús toda rodilla se dobla en el Cielo, en la Tierra y los abismos, y toda lengua proclama que Jesús es el Señor.

(Alabanza al Señor)

(Todos los que se quieran liberar en este momento de la opresión del alcoholismo hágase una + Cruz en la boca)

En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ato y amordazo el espíritu maligno del alcoholismo y lo envío a los pies de Jesucristo ¡quedas atado y amordazado al los pies de Jesucristo el Señor, y no regreses mas a estos que se han hecho la Cruz!

Todos los que se quieran liberar de la droga y del tabaquismo, hágase una Cruz en la boca. En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (y pasa al frente a dejar –deshacerse- de su droga, cigarros, fetiches, amuletos).

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Dice la Palabra de Dios: “Vi a Satanás desplomarse desde el cielo como un rayo”

Amén Señor Jesús.

(Canto: “Jesús es el Señor”)



ORACION POR CURACION FISICA DE LOS ENFERMOS:

Bendito seas Señor ¡alabado seas Señor! Señor Jesús ya nos has sanado del alma, ahora te pedimos que nos sanes del cuerpo. Padre Santo, Padre bueno, Padre Misericordioso ¡sea tu Nombre bendito de generación en generación!, tu eres el Alfa y el Omega, el principio y el fin. No se mueve ni la hoja de un árbol si tú no lo quieres.

Padre, tu Hijo Jesucristo nos dijo que todo lo que te pidiéramos en su Nombre tu nos lo concederías, hoy en el Nombre Glorioso de tu Hijo te pedimos por estos enfermos. Permítele a tu Hijo que los sane y que los toque ¡gracias Padre bueno, bendito seas!

Señor Jesús: creo que estás aquí presente en el Santísimo Sacramento del altar; hoy quiero pedirte mi Señor, por tu vida, Pasión y muerte; por tu gloriosa resurrección y ascensión a los Cielos, por la venida del Espíritu Santo, por tus 5 preciosas llagas, por el Poder de tu Sangre, por las lágrimas de María Santísima, que sanes a estos enfermos y que los toques, y que queden sanos según la Voluntad de Jesucristo el Señor.

En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.





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ALABANZAS EN DESAGRAVIO DE LAS BLASFEMIAS, EN AUDIO MP3 (Padre Moises Larraga)



Alabanzas en desagravio al Santísimo Sacramento del Altar; a nuestro amadísimo Jesús Sacramentado-el Verdadero Pan de Vida bajado del Cielo, donde nos espera cautivo por amor nuestro 24 horas al dia, 365 dias al año, y donde con frecuencia es ignorado, olvidado, o incluso ultrajado. Oremos con el Padre Moisés Lárraga, de todo corazón. Al final podrás descargar.





ALABANZAS EN DESAGRAVIO DE LAS BLASFEMIAS:

¡Bendito sea Dios!
¡Bendito sea su Santo Nombre!
¡Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre!
¡Bendito sea el Santo Nombre de Jesús!
¡Bendito sea su Sacratísimo Corazón!
¡Bendita sea su Preciosísima Sangre!
¡Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar!
¡Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito!
¡Bendita sea la gran Madre de Dios María Santísima!
¡Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción!
¡Bendita sea su Gloriosa Asunción a los Cielos!
¡Bendito sea el Nombre de María, Virgen y Madre!
¡Bendito sea San José su castísimo esposo!
¡Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos!

Jesús ¡ten piedad de mí!
Jesús ¡sáname!
Jesús ¡sálvame!
Jesús ¡libérame!
(3 veces estos 4 renglones)

Si Jesús me libera, quedo verdaderamente liberado.
¡BENDITO SEA DIOS! Amén.








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SANACION DE ENFERMEDADES FISICAS Y ESPIRITUALES: ...Y QUEDARE SANO EN AUDIO MP3 (Padre Moisés Lárraga)




Condiciones que aceleran la curación...




El amor, el perdón, la justicia, la Gracia, y María.




1) El perdón junto al perdón divino.


Jesús es el Mensajero de la Paz, el Príncipe de la Paz. En la persona de Jesús no cabe el odio, el resentimiento, la envidia, la guerra. El vino a este mundo a enseñarnos a los hombres el perdón, y vino a enseñarnos que todos somos hijos del Padre Celestial, que es Padre de todos y nos ama a todos sus hijos sin preferencia alguna. Por eso el libro de los Proverbios nos dice: “la prudencia del hombre domina su ira y su gloria es pasar sobre una ofensa (Prov. 19,11)”. Por eso nosotros nos comprometemos en la Oración del Padre nuestro cuando decimos: “así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden (Mt. 6,12)” nuestra boca está siendo la propia medida del perdón que deseamos obtener de nuestro Padre Dios.

Perdón significa arrancar de raíz el odio, el resentimiento que son como llagas hediondas y podridas que están ahí escondidas dentro del corazón ocupando espacio. Muchísimas veces decimos que hemos perdonado e incluso olvidado, y nuestras confesiones se vuelven tan rutinarias que cuando no hay un total perdón, son como esas paredes viejas, húmedas y agrietadas, que les damos “manita de gato” con la brocha pero que solo dura un tiempo corto bonita, pues la humedad la vuelve a manchar y la grieta se vuelve a asomar. En Hechos 7,59 nos dice: “mientras le apedreaban Esteban hacía esta invocación: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Después dobló las rodillas y dijo: Señor, no les tengas en cuenta este pecado; y diciendo esto se durmió”.

Purificarse delante de Dios es justificar al que nos ofende, justificar al que nos ha hecho llorar, a aquél que nos ha humillado, lastimado, pisoteado…¡Padre, perdónales porque no saben lo que hacen!

Cuantas veces nuestra Oración se queda perdida o suspendida en el aire porque olvidamos muy cotidianamente que a la persona que le guardamos odio, resentimiento o envidia, es también hijo de Dios. Ese Dios bueno y clemente que hace salir el sol sobre buenos y malos, y que claramente nos lo dice en la boca de Jesús: “ámense los unos a los otros, como yo los he amado”. “Si pues al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo que reprocharte, deja tu ofrenda ahí delante del altar, y vete primero a reconciliar con tu hermano, y luego vuelves y presentas tu ofrenda (Mt 23)” . A Dios no le agradan nuestras ofrendas cuando tenemos el corazón ocupado con el odio, con la envidia y el resentimiento. Parecemos mentirosos delante de Dios cuando le estamos pidiendo que nos perdone, que nos libere o que nos sane, cuando nosotros somos quien con nuestra actitud detenemos la sanidad.

“No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados, perdonad y seréis perdonados (Lc. 6,37)”. A veces nos volvemos demasiado exigentes con nuestros semejantes, exigimos más de lo que nosotros somos capaces de dar; exigimos perfección y nosotros no somos perfectos, pedimos perdón y no somos capaces de perdonar, hablamos del amor y no sabemos amar.

“Cuidaos de vosotros mismos; si tu hermano peca repréndele, y si se arrepiente perdónale, y si peca contra ti 7 veces al día y 7 se vuelve hacia ti diciendo *me arrepiento*, le perdonarás (Lc 17,3)”.

Guardar rencor es como guardar la madre del vinagre que fermenta el agua, poco a poco irá ese rencor fermentando y aquel rencor se convertirá en una gran enfermedad del alma, que aflorará al cuerpo con otra enfermedad. “No te vengarás ni guardarás rencor contra tus hijos, amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lev 19,18)”. Dios nos exige perdonar para poder creernos que lo amamos, no podemos decirle a Dios que lo amamos y estar odiando al hermano, se nos olvida lo que siente el Padre Dios.
Lucas 6,27 y Mateo 5, 38-48: El nos enseña a perdonar no solo una vez, no dos, sino 70 veces 7 (Mateo 18,21).

Jesús defiende al pecador arrepentido, y por encima de todo y cualquier obstáculo le da Su perdón. Te invito hermano a perdonar ¡te invito a sanar! te invito también a pedir perdón y a reconocer tus errores. Se que si tu haces esto, al final de este librito habrás comenzado un nuevo camino de sanidad, que ni la ciencia con todo su esplendor ha podido lograr.

Examina tu interior y trae a tu memoria a aquellos que te hicieron el mal, toma entre tus manos un Crucifijo y di la siguiente Oración de perdón: “Oh Señor Jesús, hoy quiero poder perdonar con tu ayuda y con el Poder de tu Sangre. Señor Jesús permíteme ir lavándome cada grieta de mi alma con tu Preciosa Sangre; permíteme la Luz del Espíritu Santo, para que pueda alumbrar las áreas oscuras de mi pasado.
Quizá ahí en un rinconcito esté un gran resentimiento, un grano podrido causado por el odio, el pecado y la falta de amor, y dolor. Quizá mi Jesús no he perdonado porque no soy consciente de ese resentimiento. Ese resentimiento que tal vez lo tenga hacia mi madre, y desde que estaba en su vientre, o hacia mi padre, o a mis hermanos o familiares...



...o a personas que han estado junto de mi. Jesús, tu puedes ser mi Maestro, tu puedes ser mi amigo. Jesús ¡ten piedad de mí! ¡Libérame como liberaste a María Magdalena de aquellos 7 pecados! ¡Jesús libérame y sálvame! ¡Ten piedad de mí y permíteme liberarme cada mañana y cada día al acostarme de cualquier resentimiento! Permíteme decir todos los días con el corazón *perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden* ¡Gracias Señor Jesús!”



2) El amor.


Una exigencia primordial en el proceso de sanidad es el amor. En el enfermo el amor es como un bálsamo que alivia, un bálsamo que da tranquilidad, la paz, la luz al espíritu. Amar significa ponernos los anteojos de Jesucristo. El que nos ha amado tanto tanto que dio su vida por nosotros.
El amor es un mandato, no una forma de sentir. El amor es una decisión; optar por vivir de frente al Padre, optar por imitar los sentimientos de Cristo, y este es un mandamiento: que amemos en Nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos unos a los otros tal como nos lo mandó (1ª Jn 3,23).

Amar a Dios significa manifestarle nuestro amor en el prójimo, pues cuando nosotros ofendemos o lastimamos al prójimo, es a Dios mismo a quien lastimamos y ofendemos. “Quien se burla de un pobre, ultraja a su Hacedor; quien se ríe de la Gracia, no quedará impune (Prov 17,5)”
El Apóstol San Juan muy claramente nos exhorta a ser coherentes en nuestra actitud hacia Dios y hacia el prójimo, “si alguno dice amo a Dios y aborrece a su prójimo, es un mentiroso, pues quien no ama a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve (1ª Jn 4,20)“.

En la Sagrada Escritura Dios nos recomienda elegir el amor que los bienes: “mas vale un plato de legumbres con cariño, que un buey cebado con odio (Prov. 15,17)”, así que es preferible amar a Dios y al prójimo, que mil promesas, mandas y veladoras. Mas vale el amor que las riquezas, pues “si nos falta el amor no nos sirve de nada aunque hablara las lenguas de los Ángeles y de los Santos, si yo no tengo amor nada soy (1ª Cor 13)”.
Dios señala el amor como el ayuno que a El le agrada. “Los sacrificios no te satisfacen, si te ofreciera el holocausto tu no lo querrías (Sal 51)”. El amor al prójimo hace que brote del corazón la luz de Dios, y la sanidad de nuestras heridas interiores y exteriores.

El perdón va unido al amor. En Isaías 58,8 la Palabra de Dios nos dice: “entonces brotará la luz como la aurora y tu herida se curará rápidamente. Te precederá la justicia, la Gloria de Yahvé te seguirá. Entonces clamarás y Yahvé te responderá, pedirás socorro y te dirá *aquí estoy*. Resplandecerá en las tinieblas tu luz y lo obscuro de ti será como mediodía. Te guará Yahvé de continuo y hartará en las sequedades tu alma”.
Este texto nos permite comprender la importancia del amor; cómo Dios se manifiesta en aquellos que obedecen sus mandatos. Así que hermanos, ahí tienen una tarea importante en la vida para seguir caminando hacia la sanidad definitiva.

Toma la imagen de Cristo Crucificado y dile: “Señor Jesús, estoy en tu presencia para solicitarte como la samaritana *Señor dame de esa agua que tu tienes*, Señor sana las heridas del desamor que hay en mi corazón. Pongo Señor Jesús en la llaga de tu divino costado todos mis egoísmos, lava Señor con el agua de tu costado mis resentimientos y odios. Señor Jesús enséñame a amar en el prójimo; Señor Jesús quiero imitar tu corazón: tu Corazón Misericordioso, y quiero a través de esta sencilla Oración pedirte que me des el Don del amor. Enséñame a perdonar y a pedir perdón; enséñame Jesús a morir a mis egoísmos como tú ¡enséñame Jesús a justificar!”




3) La Justicia.


En la Sagrada Escritura la justicia para Job comienza en el amor al prójimo, y el primer mandamiento nos dice: “amarás al Señor tu Dios con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas y a tu prójimo como a ti mismo”. Así que la justicia también debe comenzar en nosotros mismos; una persona que habla de amor y que le dice a otra que la ama y no piensa en Dios, no es digna de Dios.
Cuando ha dudado o tiene tanto tiempo sin recibir la Gracia del Sacramento del Perdón, o del Sacramento de la Eucaristía, o que vive amancebada o en la situación de pecado establecido, sin importarle que esa misma noche vaya a morir, esa persona es una persona injusta, ya que ignora totalmente los bienes de su Padre Celestial y prefiere vivir comiéndose las bellotas de los cerdos, que disfrutar de los manjares exquisitos que hay en la Casa Paterna Celeste.

Cómo puede una persona hablar de justicia si no es justa consigo misma; cómo puede exigir justicia si no conoce ni vive la justicia. Así que es necesario que dejemos de ser injustos con nosotros mismos. Es entonces que desde el centro del corazón del hombre brillará el deseo de hacer el bien, de dar a cada quien lo que justamente le toca: “no hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti”.
Así que “la justicia comienza en guardar y poner cabalmente en práctica todos estos mandamientos ante Yahvé nuestro Dios, como El nos lo ha prescrito (Dt 6,25)”.



La justicia es fuente de vida, es fuente de sanidad y es fuente inagotable de amor. La persona justa es reconocida y estimada, y por su justicia brillará delante de Dios y de los hombres; se le reconoce por su don de sabiduría y prudencia, se le reconoce por su poco hablar, pues vigila hasta de no robarle el tempo a las personas, y hasta de no perder el tiempo en conversaciones y cosas inútiles y vanas.
“Quien va tras la justicia hallará vida y honor (Prov. 21,21)”. Al justo Dios lo recompensa con gran abundancia; el justo participa de la heredad de Dios y es reconocido entre los hombres de la tierra como una persona santa y buena. Se vuelve un canal maravilloso del amor de Dios; participan de la saciedad delante de Dios.

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque de ellos será la saciedad de Dios (Mt. 5,6)”. Dios ama la justicia, por eso en su Palabra dice: “el justo florecerá”. Sabemos también que Dios por su Justicia –Justicia que ejerce con equidad- juzgará a las Naciones, pues en la justicia es lo que un pueblo encuentra su elevación. Dios reprende la mentira, la explotación, el robo, la calumnia, el soborno, la pérdida de tiempo, los negocios sucios, la prostitución, la ambición, el chantaje. “Maldito aquel que acepta soborno para quitar la vida a un inocente (Dt 27,25)”. Ora conmigo así de esta manera: “Oh Dios de amor y perdón, oh Dios de infinita bondad, hoy vengo junto a tu altar a implorarte perdón. Mas hoy quiero pedirle a tu Corazón ardiente que con ese calor inflame mi corazón de hielo; mas si quisiera fallarte y en el pobre insultarte, no permitas Señor que por mi vanidad se aleje de mi tu celestial manjar”.




4) La Gracia.


Es tan difícil conservar la Gracia cuando nos movemos en un ambiente apático a Dios nuestro Señor. Es tan difícil conservar la Gracia cuando nuestro espíritu se alimenta de todo aquello ligero que el mundo ofrece: la lujuria, la televisión con sus programas deshonestos, la pornografía, la moda desordenada, la música irreverente; las guerras, el hambre, los vicios.

Parecería que todo todo está fríamente calculado para que el hombre no se alimente de los bienes de Dios. Hoy en día el demonio sigue vistiéndose de luz y engaña ferozmente al pueblo de Dios; a sus consagrados, a sus religiosas y religiosos. A los laicos comprometidos, a los líderes eclesiales y consejos parroquiales; nos engaña dándonos una conciencia laxa, una conciencia justificadora y manipuladora de la Palabra de Dios; a todo le damos disculpa y salida cuando se trata de disculpar el mal en nosotros mismos, pero cuando se trata de ver el mal en los demás somos demasiado críticos ¡despiadadamente críticos!, tenemos ojos muy severos y sentenciadores para el hermano, pero pocas veces nos fijamos en lo bueno de los demás.

A mi a veces me causa demasiada extrañeza cuando alguien me comenta que tal o cual personaje que se cree importante, se escandalizó por alguna palabra o acto que yo realicé sin afán de ofender o lastimar. Pero fue uno entre mil buenos, no se fijó en ninguno de los buenos, no, solo tuvo mirada para uno que él juzgó mal. Por ejemplo: en un numeroso retiro en un lugar por ahí, yo la noche anterior estuve muy mal, casi no dormí; era muchísima la gente y a la hora del paseo con el Santísimo, entre esa gran multitud que llena de ansiedad emocionada al paso de su Señor y un calor sofocante, y al ir cargando yo la Custodia de bastante peso por espacio de 2 horas, yo sentí en un momento que me tambaleaba, era demasiado el calor y sentí que casi me caía, se caía también mi Señor de mis manos.

En un acto de amor a mi Jesús no quise que se cayera ni que lo tocaran mas, me lo subí y apoye en el pecho y enseguida por un momento lo apoyé en mis hombros para que no lo tocaran, pues sentí que era la parte más fuerte donde el Señor se sostendría con seguridad. Ahí estaban los ojos críticos y sentenciadores; ahí estaban para ver, según ellos, una irreverencia y no un acto de amor. Ahí estaban para ver un Sacrilegio y no una debilidad humana ¡no vio el peso de la Custodia de 40 kilos!, no vio ni sintió el calor; no vio el cojo que caminó ni el ciego que vio ni al canceroso que sanó ¡no, no los vio!, le faltó la Gracia, le faltó la Gracia Santificante para contemplar el acto de amor y la entrega y la fidelidad ¡no, no vio nada de eso! ¡Sino que sólo que subí el Santísimo a mis hombros y eso era una irreverencia y eso bastaba para condenar!

San Pedro nos dice en una de sus cartas: “Velad y vigilad porque el demonio anda como león rugiente buscando a quien devorar”. Conservar y cuidar la Gracia requiere de estar tomado continuamente de la mano de Jesús; requiere de reverencias, requiere de alimentarse del Cuerpo de Cristo diariamente, si es posible, de confesarse continuamente, como mínimo cada mes. Conservar la Gracia es igual que estar enamorado; es el enamorado que vigila, que cuida hasta los mínimos detalles de amor para que su enamorado, Cristo, siempre esté contento. La Gracia es un canal de luz hacia la Santidad y hacia la sanidad. Es facilitarle a Jesús el camino para que actúe, pues hay que recordar de tan conocida frase de San Agustín: “El que te creó sin ti, no te salvará sin ti”,



y aquel hermoso soneto: “No me mueve mi Dios para quererte, el Cielo que me tienes prometido, ni me mueve el Infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Muéveme tu Señor, muéveme al verte clavado en esa Cruz y encarnecido ¡que aunque no hubiera Cielo yo te amara, y aunque no hubiera Infierno te temiera, pues lo mismo que te quiero te quisiera!”




5) María Santísima.


Nosotros por nuestra conducta de pecadores, nuestra condición de pecadores, nos entorpecemos de la mente en el momento de Orar. Necesitamos mucho la presencia del Espíritu Santo para que nos ayude a pedir como conviene. Obtener esa experiencia en plenitud es muy difícil si no hay esa entrega total al Señor. Y quien mas entregado con esa totalidad plena que la Santísima Virgen María; ella, la llena de Gracia, la creatura mas amada del Padre. Ella que llevó en sus entrañas purísimas a Jesús el Hijo de Dios. Jesús a la Santísima Virgen no le niega nada, es por eso que nosotros debemos de acudir continuamente a nuestra Madre Santísima, para que ella pida por nosotros como conviene, para que ella Interceda por nosotros.

La Santísima Virgen por ser la Madre del Verbo encarnado, tiene también el Poder que su hijo y el Padre le han otorgado, y ella también nos bendice y nos concede numerosos favores de los grandes tesoros que del Cielo ha recibido y Dios le ha concedido a ella. Ella por ser la primera y única creatura digna y Purísima, encuentra Gracia plena delante del Trono Celestial y de su hijo Jesús. Nuestra Oración no sería completa ni escuchada tan eficazmente, como cuando ella intercede y pide por nosotros.

El rezo del Santo Rosario con el corazón diariamente, es la palanca más fuerte en los labios del enfermo, y de los familiares del enfermo para obtener la intercesión de la Santísima Virgen María. La Virgen María es la enfermera especializada en el pueblo de Dios. De su corazón misericordioso al igual que del Corazón de Jesús Misericordioso, brotan rayos de luz que iluminan al pecador, rayos de luz que calman el dolor, la tristeza y la soledad.

Hay un dicho muy popular que si lo analizamos es muy cierto: “el que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”, y que mejor sombra que la Madre del Altísimo, que mejor sombra que la Santísima Virgen María. El Poder de la Intercesión es único en ella. “Dice su madre a los sirvientes: *haced lo que el os diga*“. Ella logró con su intercesión el favor de Cristo.

Hay almas piadosas que se preocupan si están progresando en la virtud o si están estancadas, o mas bien si han retrocedido lamentando tiempos pasados de mayor fervor. Hay un termómetro para reconocer el grado de fervor, por tanto, si el alma va progresando o no en el camino de la perfección: ese termómetro es la devoción a María. No pretendo que toda la vida espiritual consista en la devoción a la Santísima Virgen María, solo se trata de un indicio, así como no consiste la vida en el pulso pero si sirve para conocer sí se ha extinguido o perdura todavía, pero esta devoción debe de ser sólida, es decir, fundada en la doctrina de la Iglesia; genuina y práctica. Es decir, que no consista sólo en idealismos sino en la práctica de la vida cristiana.

Devoción viene de la palabra latina “devotio” que significa consagración, dedicación, entrega, al servicio de Dios. En el lenguaje cristiano este lenguaje consiste desde luego en el cumplimiento de sus mandatos: “el que me ama cumplirá mis preceptos” dice la Palabra de Dios; en rendirle el culto debido, todo lo cual no debe hacer sino el amor de Dios.

Como se ve, la devoción más que en actos consiste en una disposición habitual; se refiere fundamentalmente a Dios, pero guardada la debida proporción se aplica también a María, su devoción consiste en la Consagración a María, entregándole todo lo que somos y todo lo que hacemos para pertenecer de una manera mas perfecta a su Hijo divino. Es entregarnos y dedicarnos a su servicio, que consiste en obedecer la orden que nos dio: *hagan lo que le les dice*, y todo esto debe ser una manifestación salida del amor y devoción a la Santísima Virgen María. Todo esto es una manifestación de amor y amistad con la Santísima Virgen, y la amistad requiere de una semejanza entre amigos, así que también tenemos que ejercer la caridad, a ejemplo de nuestra Madre y amiga.

Tenemos que esforzarnos en imitar a la Santísima Virgen en sus virtudes, y aunque María fue perfeccionista en todo y llena de virtudes, hay tres, sin embargo, que sus devotos deben esforzarse en adquirir:

a) una humildad profunda
b) una fuerza luminosa
c) una dulzura exquisita

Concluyamos esta sencilla reflexión de la Santísima Virgen María con este pensamiento: “¿Quién ha exaltado más a Jesús? Ella, la Inmaculada María; la nueva Eva; la bellísima Mujer vestida del Sol. Ella la que tiene la luna bajo sus pies y en la cabeza una corona de doce estrellas (Ap 12,1. 10,6)”.
Ella ha sido colocada por encima de todas las cosas ¡La Reina del Cielo, que está siempre en la Presencia del Trono de Dios Altísimo!
Acudamos a ella con un amor auténtico y con una devoción auténtica. Que nuestro amor a ella nos lleve siempre a procurar honrar y obedecer a su hijo Jesucristo, el Señor de señores. Ella es nuestra Madre; ella, ella es la Señora, la Señora Bonita, la Reina del Cielo, nuestra protectora y defensora, ¡la Inmaculada, nuestra amiga!

Ora continuamente a ella así: “Acuérdate ho piadosísima Virgen María que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamado tu socorro, haya sido abandonado por ti.
Animado con esta confianza a ti también acudo ¡oh Virgen de las vírgenes!, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a presentarme ante tu presencia soberana. No desprecias mis súplicas, oh Santa Madre de Dios, antes bien óyelas y atiéndelas benignamente. Amén”.








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